Imagino que así se sentirá por momentos mi Infanta.
Alba cumplió diez meses el día doce, y desde hace algunos meses da besitos, dice papá, hace pedorretas, guiños, sopla, hace los lobitos, el pom pom, dice adiós con su manita, y no sé cuántas cosas más.
Está más graciosa... sobre todo cuando llegas a la casa de cualquiera de los abuelos y abuelas. Nada más entrar por las puertas, la bebé tiene que desplegar todos sus conocimientos para regocijo de sus papá, mamá y abuelitos y abuelitas. Y no te digo nada si es la abuelita (cualquiera de las dos) la que la lleva dando un paseo y se encuentra con algún conocido o conocida por la calle.
Después de hacerle repetir el repertorio en más de dos o tres ocasiones, llega un momento en el que Alba, cual robot de última generación con dos mil funciones super inteligentes, pero con las pilas algo gastadas, a la orden: "vamos a soplar, Alba", "a ver como sopla mi niña", responde haciendo pedorretas, cuando se le dice "dame un besito", levanta la mano diligente y te despide con un tierno Adiós.
Me queda la duda de si esa última equivocación no responderá a una decisión unilateral de mi niña.
Obviamente, y con el genio que me acaba de convencer de que es hija mía, cuando quiere acabar la función, suelta un manotazo acompañado de un suave arañazo y de un gemido acabado en mmmmmm.
Qué lindos están a estas edades.
Hiru-